Para hacer posible lo que parece imposible

https://i2.wp.com/www.cubahora.cu/uploads/imagen/2014/07/04/bebe-prematuro-getty_MUJIMA20121001_0009_31-630x326.jpgTomado de CUBAHORA.

Yhosvany y Niudersys adoran a su Maura Daniela, que en octubre próximo cumplirá dos años. Juguetea conmigo, me enseña sus pajaritos y disfruto verla así, radiante y crecidita, cuando ya dejó de ser esa pequeñaja de mucho pelo que visité tantas veces en el hospital, luego de nacer.

Disfruto mucho más ver a sus padres, dueños de una felicidad que pareció tantas veces imposible porque diez años es mucho tiempo de espera para una pareja que ya llevaba otros diez juntos y anhelaban tener hijos. “Las cosas no siempre son como una las desea, y tuvimos que esperar a que las técnicas dieran resultado”, me cuenta Niudersys después de que su esposo me insistiera en el peligro que pueden, incluso, correr las parejas en este tipo de situaciones, “porque el estrés, la ansiedad, la impotencia son tan grandes que muchas veces la relación se afecta y algunos terminan separándose”.

Por suerte, ellos sí permanecieron juntos y fuertes frente los numerosos intentos que no florecieron, antes de que Maura Daniela y Mauro Miguel se engendraran. Sí, porque la niña nació junto a su hermanito quien no rebasó la operación que intentó corregir su desperfecto en el corazón. “Al final, dos se implantaron y los esperábamos con tremenda alegría. Claro que los hubiéramos querido a los dos aquí, con nosotros, pero al menos tuvimos a una, y esa es nuestra vida ahora”.

Historias como estas despedazan la sensibilidad del más duro y lanzan luces esperanzadoras a quienes en el país, como Elizabeth y Antonio, acuden a consultas y permanecen firmes ante la decisión de tener hijos, aunque la astenoteratozoospermia (baja movilidad en los espermatozoides) de él y las consecuencias de tres legrados anteriores de ella, ofrezcan un panorama oscuro.

Sucede que en Cuba, donde no se cumple desde 1978 con la tasa ideal de reemplazo generacional, es decir, dos hijas por mujer, el fenómeno de la infertilidad realmente puede doler. No solo desde el sentir de una pareja que ansía concebir el fruto de su amor, sino también desde la necesidad de un país en el que las razones económicas y personales aplazan la maternidad hasta después de los 30 y 35 años, limitando el número de hijos a solo uno, y en el que además, muchas adolescentes y jóvenes descuidan su salud reproductiva al acudir a los legrados y a las regulaciones menstruales cotidianamente.

Si de cifras se trata, el doctor Roberto Álvarez Fumero, jefe del Programa Materno Infantil, afirma que hoy se atienden en nuestro Sistema de Salud 200 000 parejas infértiles, a las que pueden sumarse otras muchas más si la labor educativa en torno a los métodos de planificación familiar y sus consecuencias no alcanza niveles superiores a los existentes.

“Reportamos anualmente 20 000 abortos y 39 000 regulaciones menstruales y es necesario disminuir esas estadísticas porque la capacidad reproductiva del país hay que cuidarla. Hay que mantener también las campañas educativas con relación a las infecciones de transmisión sexual que pueden derivar, en no pocas ocasiones, en riesgos de infertilidad, lo cual es perfectamente evitable.

“Hay que evitar los embarazos no deseados, y sobre todo, en edades en las que no se tiene la madurez necesaria para llevarlo a término y asumirlo con todas las de la ley. En la actualidad, de cada cien mujeres, alrededor de 40 acuden al aborto y en la medida en que podamos evitar esas decisiones,  contribuyendo desde todos los niveles del sistema a una mejor elección de la pareja para su concepción, tendremos una mejor reserva de natalidad. Además, debe estimularse la captación temprana de las embarazadas para descubrir a tiempo cualquier trastorno que pueda nublar el futuro de ese bebé”.

—Para el Sistema de Salud Cubano, ¿cuán difícil es asumir el reto de la infertlidad?

—En términos económicos, es muy difícil, pero es una prioridad. De ese total de 200 000 parejas que hoy se reportan en tratamiento, el 60 por ciento de los casos pudiera atenderse en sus municipios de residencia, porque depende más de la profesionalidad del personal de Salud que de recursos materiales. Por ejemplo, el año pasado, esas consultas procesaron 21 105 nuevos casos y 14 814 ya fueron atendidas este año, de enero a abril.

“No obstante, cuatro de cada diez parejas deben someterse a una intervención más agresiva y más dependiente de la tecnología moderna a cuatro de ellas.  En dos años debemos concluir la reactivación de la red de centros provinciales de reproducción asistida de baja tecnología, pero ya podemos enorgullecernos de las 1 800 inseminaciones que se realizaron en el país el año pasado y de los 646 embarazos logrados, que de enero a abril de este año, suman 107.

“Las nuevas inversiones y la modernización del equipamiento en Santiago de Cuba y Ciego de Ávila concluirán en breve, y los centros territoriales de alta tecnología siguen siendo los lugares por excelencia, en los que se colocan las esperanzas, pues hoy son alrededor de 2 500 parejas las que reciben tratamiento allí. Pueden optar en ese nivel por la fertilización in vitro (FIV), la inclusión citoplasmática (ICSI), el abordaje quirúrgico por factor masculino severo o la donación de óvulos (ovodonación)”.

El doctor Fumero añade que el laboratorio del hospital Hermanos Ameijeiras ha logrado 87 nacimientos desde que comenzó a atender este tipo de casos en el año 2007. “Los tres nuevos centros quedarán terminados y podremos atender, anualmente, a 1 200 parejas”.

Insiste el especialista que para el país es una prioridad la atención a las parejas infértiles desde el sentido humano, porque no es en ellas donde Cuba puede saldar su “deuda” de la natalidad. “El Ministerio de Salud Pública mantiene convenios de colaboración con centros de reproducción asistida en otros países, a los que pueden acudir aproximadamente 15 familias cada año después de que los intentos de concebir aquí resulten totalmente negativos”.

—Consta en investigaciones recientes que las relaciones sexuales se inician a edades cada vez más tempranas, alrededor de los 12 años como promedio… ¿En qué medida el uso de los métodos anticonceptivos puede favorecer también la aparición de patrones de riesgo asociados a la infertilidad?

—Realmente debemos promover mejores patrones de anticoncepción, porque en el caso de los dispositivos intrauterinos (DIU), la relación es muy estrecha con complicaciones posteriores, aunque no necesariamente relacionadas con la infertilidad. No obstante, tenemos como desafío la reducción de su uso del 50 al 30 por ciento y en sustitución, aumentar los métodos hormonales inyectables al 20 por ciento y los tabletas orales al 30.

“Nos corresponde lograr una mayor estabilidad de condones en el mercado, pues sabemos que este es el anticonceptivo más eficaz y aumentar las posibilidades de acceso a la llamada píldora del día después, es decir, a la anticoncepción de emergencia. Trabajamos también en función de contar con los reactivos necesarios para realizar las pruebas de confirmación de embarazo antes de realizar las regulaciones menstruales en los policlínicos y propiciar un mayor número de abortos por la vía medicamentosa con el uso del Misoprostol, evitando el procedimientoquirúrgico.

“De todas maneras, hay una ardua tarea educativa que no se puede descuidar pues en muchos casos la infertilidad es causada por descuidos acumulados en el aparato reproductor de las mujeres. Podemos mencionar inflamaciones pélvicas mal atendidas, traumas por golpes o vestuario inadecuado, ambiente contaminado, adicciones, interrupciones de embarazos en la adolescencia y una alta incidencia de la clamydia, el VIH o el virus del papiloma humano, entre otras infecciones de transmisión sexual”

El galeno enfatizó en que el pensamiento erróneo de que las regulaciones o los legrados son métodos anticonceptivos continúa incidiendo negativamente en la salud reproductiva de las mujeres, aunque a los hombres no se les puede descuidar en la atención. “En ocasiones se pierde tiempo o se trata invasivamente a la mujer sin que fuese necesario porque ellos se niegan a estudiar la calidad de su semen o a atenderse la varicocele”.

Sin dudas, cuando se logró el primer bebé en Cuba por el método de la reproducción asistida (in vitro) el 16 de diciembre de 1986, luego de 33,3 semanas de gestación, se abrió la puerta a un camino por el que, con opciones renovadas cada año y propósitos gubernamentales prioritarios, las parejas infértiles cubanas pueden transitar para hacer posible un sueño, a todas luces, imposible.

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