Yulieski Gourriel: “Sentí un apoyo fenomenal”

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El olor de Cuba ya lo siente más cerca. Se advierte en las ansias de sus letras del chat. Su equipo no seguirá enrolado en la campaña y todo, o casi todo, volverá al principio, ahora que sus padres y su novia ya regresan después de una compañía que lo hizo sentir como en casa.

Volverán sobre todo aquellos  primeros días de una experiencia “que nunca había vivido, estoy en una casa solo y no sé cocinar, tuve que lavar… pero me acostumbré, me fue mejor de lo que pensé hasta que llegaron mis padres, lo más difícil era cuando te salían mal las cosas y llegabas  solo a las cuatro paredes, uff,… no es fácil”.

Es casi hora de recuento. Desde su paso volátil por las menores en busca de adaptación cuando “solo estuve dos días y no me dio ni tiempo,  me sentí un poco débil, pues apenas llegué del viaje de 21 horas,  dejé el equipaje y me llevaron a entrenar y al tercer día a jugar en las menores”,  hasta aquel show mediático del avión al que no quiso subir cuando un tifón tocó tierras niponas. También la incertidumbre por la lesión que lo alejó más de un mes de los terrenos y lo puso a punto de volver a casa antes de tiempo.

Todo queda en el anecdotario de esta experiencia con traje profesional que hace un tiempo fue una quimera. A punto del regreso, Yulieski  Gourriel parece haber conquistado a Japón, no solo porque desde su llegada su rostro se explayó en una gigantografía de extremo a extremo de un rascacielos, una iniciativa seguida en otros edificios en Tokio y hasta en las paradas de ómnibus.

Mientras casi arregla sus maletas, queda la expectativa por ver si en definitiva consigue lo que ningún extranjero ha logrado en la tierra del sol naciente: ser el novato del año, una condición que se disputa con un lanzador de los Dragones.

Por sus estadísticas pudiera serlo. Según reseña la página de su equipo hasta este seis de octubre, fecha en que cierran las presentaciones del DENA, su average era de 306 (235-72) en 61 partidos, 548 de slugging, 21 tubeyes, 11 jonrones, 44 anotadas y 29 impulsadas.  Pero cada uno de esos números se los siente en el alma y en el cuerpo.

Lo siente desde el principio: “Al llegar llevaba buen tiempo sin jugar y la diferencia de horario me chocaba mucho. Lo otro es que hay muchos lanzadores que no conoces,  pero poco  a poco me fui acostumbrando. El entrenamiento es muy diferente, hacen muchas repeticiones de todo, corren todos los días,  lo que no hacen es mucha pesa”.

A esta altura el cansancio cuenta. “Claro que se siente el cansancio de tanto tiempo jugando, somos seres humanos y el agotamiento llega y más cuando hay un nivel alto y tienes que jugar al 100 todos los días. Mira en estos finales jugamos sin descanso como catorce juegos seguidos, pero eso he podido contrarrestarlo con muchos tratamientos y estiramientos que haces antes y después del  juego, porque existen muy buenas condiciones y ocho fisioterapeutas, por tanto eso ayuda mucho”.

Pudiste mantener un rendimiento bastante estable. ¿A qué se lo atribuyes?

“Me preparé bien físicamente antes de salir con un preparador personal que me ayudó mucho, pero lo principal es el interés que le puse a todos los turnos al bate, aquí no es fácil batear”.

¿Cómo te las arreglaste con el pitcheo?

“Es un excelente pitcheo, con gran conocimiento de la zona de strike, un control increíble y lo más notable es que todos sin excepción  tiran como mínimo 4 lanzamientos, hacen un pitcheo para ponchar, eso no lo vemos en Cuba por eso aquí el ponche está sato, (39 se tomó El Yuli) y más cuando no conoces los lanzadores”.

 Jugaste unas veces segunda, otras tercera. ¿Te acomodó esta alternancia?

“Jugué las dos, mucho más tercera por problemas de lesiones del equipo, pero no tuve problemas en jugar segunda”.

¿Cómo te las arreglaste para entronizar con la estricta disciplina, tú que no eres un dechado de organización?

“Son excesivamente disciplinados, quisquillosos,  con el horario,  me tuve que adaptar rápido porque soy de los que llega un minuto antes nada más, ja ja, ja, ah y son muy educados, te saludan cinco veces al día”.

¿Cómo son las relaciones?

“Me llevé muy bien con ellos. Cuando estábamos de gira, a la hora de comer me rodeaban en la mesa para que le hablara de Cuba, entonces yo les decía que eran mal educados porque soplan para comer y ellos me decían que el mal educado era yo porque tenía mucha comida en el plato, que eso solo lo hacen los niños. También se vestían igual que yo cuando llegaban y salían del estadio”.

¿Cómo resolviste lo del idioma?

“El primer día en las Menores dieron un batazo entre dos, me interné y cuando me dieron la bola me hablaron y no entendí nada y casi mato al shortstop de un tiro fuerte que hice y me había dicho: ¡a home! ja ja ja. He aprendido un poco japonés, pero hablo mejor el inglés y además tengo un traductor,  ellos están aprendiendo español,  en el dugout  tienen un diccionario de español”.

¿Cómo te entendiste con el público?

“Perfectamente, sentí un apoyo fenomenal, aquí se llenan los estadios, la gente aplaude las buenas acciones, no son para nada agresivos, me buscaban mucho para los autógrafos, casi no podía salir a la calle, fue una experiencia muy bonita”.

¿Cómo combatiste el “gorrión” mientras tus padres no llegaron?

“Por suerte los demás extranjeros son latinos y están acostumbrados a esto y me ayudaron mucho porque viven cerca de mí y nos visitamos. Lo mejor fue tener a Cepeda cerca, alguien con quien he compartido toda mi carrera deportiva, pasamos mucho tiempo en los gallos y en el equipo Cuba. Estamos como a 25 minutos y nos visitamos bastante, mucho más después que su esposa, hijo y padres llegaron acá. Cada vez que se terminan  los juegos hablamos y analizamos para que se nos hagan más fácil los días libres”.

“Lo mejor fue tener a Cepeda cerca, alguien con quien he compartido toda mi carrera deportiva, pasamos mucho tiempo en los gallos y en el equipo Cuba”.

¿Cómo valoras en general la experiencia?

“Magnífica en lo deportivo y lo personal,  es buena la experiencia, pero el que crea que es jamón se va a comer un cable, todo es más fuerte que  en Cuba, no se cansan de batear, de correr, los juegos son a la seis y desde la una estamos en el estadio haciendo cosas. Los swines son una pila porque batean por tiempo: cinco minutos en  un lado y cambias al otro lado seguido 5 minutos más, sin contar la bola bombeada, que es para calentar, fíjate que al tercer día de estar aquí se me reventó la mano y tuve que ponerme venda”.

¿Regresas a Japón?

“Mi equipo y otros me quieren pero hay que esperar. Lo mejor es que en unos días regreso a Cuba. Ah y me alegro por lo bien que empezaron los Gallos”.

Tomado de Cubadebate

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