Julio Camacho Aguilera: “Llevo casi toda mi vida luchando y no estoy cansado”

julio camacho aguilera (2)Este hombre de 91 años que está frente a mi quería ser ingeniero eléctrico, “pero papá no podía pagar mi sueño, me dijo que me volviera autodidacta y comencé a leer algunos de los casi 2000 libros que había en mi casa; siempre leo, sobre todo de temas históricos”.

Nació en Santa Lucía, central de la entonces provincia de Oriente, rebautizado como Rafael Freyre, hoy en Holguín. Estudió hasta el sexto grado en una escuela y completó su formación en casa de una maestra. Jugaba ajedrez desde pequeño, si bien “mi deporte era el ciclismo, aunque salté garrocha y jugué mucha pelota”.

Para entonces, ya vivía en el ingenio Ermita, llamado después Costa Rica, de la actual Guantánamo, donde integró la Juventud Ortodoxa y fundó el Movimiento 26 de Julio.

Se alzó el 30 de noviembre de 1956 en apoyo al desembarco del yate Granma. En septiembre de 1957 se sublevó contra la dictadura de Fulgencio Batista en Cienfuegos —ciudad de la que es Hijo Ilustre—, abrió un avanzada guerrillera en el Escambray, luchó en la clandestinidad e integró el Ejército Rebelde, con el cual llegó a ser comandante y terminó integrando “el Frente Camagüey”.

“Cuando asesinaron a Frank País en Santiago, se queda de jefe René Ramos Latour, que es quien me nombra de Comandante de las Milicias del 26 de Julio, en agosto de 1957. Eso fue en Las Villas, pero debía ser aprobado por Fidel”.

Vivió en Pinar del Río y Santiago de Cuba, también en La Habana. Y aunque añora los pasajes de su vida en cada uno, declara no deberse a ninguno y se considera en deuda con todos, hijo como se siente de ellos “por el respeto con que me acogieron” y porque “aún puedo hacer por cada uno de esos territorios”.

“Desde 1952 he estado por todo el país y el cubano es uno solo de Maisí a San Antonio. Trabajador, esforzado, decente, combativo. Por eso que me debo al país, sin distinción”, dice en voz baja como quien construye ideas colocando una palabra detrás de la otra, sin apuros.

La húmeda y gris mañana de esta entrevista fue la víspera de este sábado, casi 50 años después de un acontecimiento cuya recordación le provoca brillo en los ojos y anuda la garganta de Julio Camacho Aguilera, uno de los integrantes del Comité Central del Partido.

“¿Cómo no voy a recordarlo?”, nos dice luego del saludo de rigor, aunque no terció pregunta alguna. Enterado del motivo de nuestra visita, su modo de recibirnos, mostró enseguida su complacencia por hablar del tres de octubre de 1965.

“¿Cómo voy a olvidarlo? Ese día se unieron los periódicos Revolución y Hoy para formar el Granma, el PURS (Partido Unido de la Revolución Socialista) se convirtió en el Partido Comunista de Cuba y se constituyó el primer Comité Central. Tuve el honor de estar entre los escogidos.

“Me propusieron por las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), cuando estaba en el Ejército Central. Había participado, por orden de Raúl, en la organización del Partido allí, proceso difícil, había dudas de cómo podían coexistir el mando militar y la organización política”.

Por cierto, Fidel dijo que faltaba un hombre cuando presentó a los miembros del aquel Comité.

“Faltaba el Che y el Comandante leyó la carta de despedida. Lo recuerdo muy bien. Fue emocionante… fue duro…”.

¿Estaba preparado para integrar la dirección política del país?

“A nosotros Fidel nos mandó a estudiar, fuimos un montón de rebeldes a la Ñico López y aprobamos el curso. Aprendí mucho, y tenía la influencia de las luchas de Lino Álvarez y Niceto Pérez. Además también había leído mucho de nuestra historia, de la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial y otros conflictos.

“Todo eso me había formado. Y la lucha clandestina. La Sierra. Las veces que estuve preso. También la conducción de Fidel, quien es una mezcla de Martí y Maceo por su capacidad política, poder de convencimiento, autoridad moral —porque siempre expuso la verdad y la defendió, la defiende—, y por otra parte sus conocimientos y habilidades militares.”

Después vinieron años de dirigencia partidista. Fue Primer Secretario del Partido en Pinar del Río, La Habana y Santiago de Cuba.

“Cumplí órdenes de Fidel y Raúl, y traté de cumplirlas lo mejor posible. Estuve 11 años en Pinar del Río, una provincia a la que le agradezco por lo mucho que me ha dado.

“De La Habana le tengo una anécdota. Queríamos restaurar la Habana vieja en los ’80 y en la discusión del plan quinquenal no querían aprobar un incremento del presupuesto, hasta que Fidel habló de la importancia de aquel patrimonio y se aceptó.

“Por entonces, supe de un hombre que le enseñaba la historia a los niños, de manera informal, sin cobrarles, los reunía y les enseñaba en cualquier lugar. Era Eusebio Leal y lo propuse para que se hiciera cargo del proyecto.

“Y en Santiago de Cuba estuve tres años. Ahora me viene el recuerdo del trabajo para construir una pista de aterrizaje y que en el grupo de los que trabajábamos estaba Tony, el Héroe.”

¿De ahí se fue a la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) como embajador?

“No estudié relaciones internacionales, pero Fidel y Raúl me confiaron esa responsabilidad y estuve cuatro años. Allá había muchísimos estudiantes y trabajadores cubanos. Al final de la misión me condecoraron.

Eran los años de la perestroika y la glasnost, ¿verdad?

“Eran tiempos complicados, había mucha confusión y mucho resquebrajamiento. Debía mantener las relaciones de nuestros países en medio de muchos cambios y a la vez informar y orientar a los jóvenes de Cuba que había allá. Fue un enfrentamiento político duro de verdad.

“Se la entregué a (José Ramón) Balaguer, que me sustituyó. Raúl me envió una nota diciéndome que debía regresar a trabajar en Cuba y aquello me puso muy contento, porque estaba loco por volver aquí”.

Usted se refiere constantemente a Fidel y Raúl

“No es culto a la personalidad. El propio Fidel pidió desde inicios de la Revolución no poner fotos suyas en los ministerios y oficinas, y eso me pareció muy noble y honrado de su parte. La verdad es que desde el principio se ganó nuestro respeto y admiración. Y también Raúl, el Che, Camilo, Almeida…

“Fidel es Fidel, y Raúl es Raúl, hay que conocerlo bien él tiene gran claridad de pensamiento y muy buena resistencia física (sonría y enumera la actividad del presidente cubano en los días recientes). Quisiera que ambos estuvieran siempre. Son dos revolucionarios con los mismos objetivos y diferentes métodos.

¿Cuál es su ocupación en la actualidad?

“Llevo casi toda mi vida luchando y no estoy cansado. Al regresar de la URSS, me designaron Director de la Oficina para el Desarrollo Integral de la Península de Guanahacabibes y ahí estoy. Ahora mismo Gina (su esposa) y yo tenemos nuevos proyectos para seguir desarrollándola y conservándola. Es una región muy importante para el futuro del turismo de Cuba.

¿Qué momentos marcaron más su vida?

“Antes del triunfo de la Revolución, viví de todo y de manera muy rápida. Podría estar horas contándoles. Aún recuerdo cuando me alcé, porque Gina tenía siete meses de nuestra hija más pequeña y no puede verla hasta que tenía casi dos años. Aquello fue muy doloroso.

“También las torturas que recibí. Sobre todo de los esbirros de Esteban Ventura Novo, cuando me cogieron preso (noviembre de 1957) en Buenavista. Perdí la facultad motora, me partieron cinco costillas y estuve 32 días orinando sangre Río. Fue salvajemente torturado. No pudieron arrancarme ni una palabra.

“Estando preso vi cómo mataron a dos hombres, uno que era boxeador y no estaba en la lucha. Y en otra oportunidad, en la Quinta Estación, un hombre perdió la cabeza porque aquellos salvajes torturaron y violaron a su esposa e hija. Nunca dijo nada, hasta que comenzó a delirar. Aquello era aterrador, porque las torturas se oían clarito; era para atormentarnos”.

¿Y después de 1959?

“Cada paso que daba la Revolución. La Reforma Agraria, que la firmamos en La Plata y todo lo que vino después, bueno para el pueblo. Por supuesto, Girón, la Crisis de Octubre, la lucha contra bandidos, todo fue marcándonos a todos”.

Por último, dos preguntas, Comandante. Una, ¿hay mucha diferencia entre los años de la clandestinidad, la Sierra, y los de este siglo?; dos, ¿es más complicado el trabajo político ahora que cuando integró el Comité Central en 1965?

“Nuestra generación prácticamente salió de la nada, partió de cero a realizar sus sueños. Y la de ustedes tuvo y tiene una base sólida de la cual partir, pero aún les queda mucho por trabajar para perfeccionar nuestro país. No veo mucha diferencia, salvo los avances y cambios tecnológicos. La lucha por mejorar cada día, sobre los principios y calores que subscribimos los cubanos, comenzó y no termina”.

“El trabajo político, basado en ideas justas, principios de equidad y los valores que durante todos estos años ha defendido la Revolución, siempre es difícil, porque el dinero y los bienes materiales no son sus argumentos.

“Pero ahora también hay una vanguardia como en otros tiempos. Y yo le tengo mucha fe a esa juventud más numerosa y mejor preparada que décadas atrás”

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s